Desde 1960, la Cofradía del Santo Cristo de la Vera-Cruz y de Ntra. Señora de la Soledad, es también del Santo Sepulcro. Venera y procesiona la imagen conmovedora de Jesucristo yacente y muerto. Si cada momento de la vida y de la muerte de Cristo tiene un mensaje y una eficacia, ¿cuál es el mensaje del Cristo muerto en el sepulcro?
Esta imagen de Cristo nos hace pensar en la verdad de la muerte de Jesús. El Hijo de Dios quiso ser hombre de verdad, con todas las consecuencias, y quiso ser hombre en un mundo ciego y cruel, que lo condenó a muerte, lo ejecutó como un malhechor y lo echó fuera del mundo de los vivos. Jesús quedó fuera de nuestro mundo. Sus enemigos querían que se perdiera su memoria cuanto antes, que nadie se acordase de él. Lo mismo que ahora.
La verdad de la muerte de Jesús es, a la vez, la verdad de nuestra salvación. Jesús llegó hasta la peor situación en que nosotros podemos estar, vencidos por la muerte, sin esperanza de vida y de salvación. Sobre su cuerpo vencido, cerraron el sepulcro con una gran piedra. Como si todo hubiera terminado.
Pero de la suprema debilidad del sepulcro, Dios lo resucitó con el gran poder de su amor. La inocencia de Jesús, su bondad, su obediencia y, sobre todo, su gran amor, que le llevaron hasta la muerte, merecieron ante Dios el triunfo de la resurrección. El amor de Dios a su Hijo Unigénito, rompió las puertas del sepulcro, aniquiló el poder de la muerte, abrió para Jesús las puertas de la resurrección y de la gloria eterna. El cuerpo mortal de Jesús es ahora templo de Dios, centro del mundo y fuente de vida eterna para todos los que creen en él.
El cuerpo resucitado y glorioso de Jesús es el nuevo mundo al cual caminamos nosotros, sus discípulos, los que queremos vivir y morir cogidos de su mano por medio de la fe, de la obediencia y del amor. Por eso se nos conmueve el corazón cuando vemos de cerca la imagen de Cristo yacente en el sepulcro.
Su muerte es el modelo y el anuncio de la nuestra. Si morimos con él y como él, justos en un mundo injusto, confiados en la misericordia de Dios, nuestro cuerpo mortal nacerá con Cristo resucitado a una vida nueva, eterna, feliz y gloriosa como la suya. El sepulcro de Jesús, es, para sus discípulos, fuente de vida eterna y principio de una vida nueva y santa. Que esta fe nos sostenga en la lucha de cada día y transforme la realidad de cada momento de nuestra vida.
Fernando Sebastián Aguilar.
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